Manifiesto de amor

Aunque decidímos traérte al mundo, sé que fuiste tú quien nos escogió a nosotros. Viniste a verme en sueños sin dejar ver tu rostro. Sabía que eras tú. Vi tu hermoso cabello negro y tus manitas en mi pecho.

Revolviste todo en mi cuerpo, te adueñaste de él y lo acomodaste a tu parecer. Me dejaste sin energía y sin apetito. Lo admito, era muy desesperante no tener el control de lo que sucedía con este elemento material llamado cuerpo. Tuve que aceptar que tendría que compartir contigo el mismo templo. Poco a poco fuiste creciendo en mi vientre. 

Tuvimos que dejar a tu papá para partir a suelos fríos. Cada semana crecías más y nos hicimos compañía. Cada vez que me sentía triste por tu papi, me dabas una patadita recordándome que había mucho más por lo cual estar feliz.

A pesar de las circunstancias, siempre estuvimos rodeados de amor. El día de tu llegada, aunque estaba muy ansiosa por verte, siempre me mantuve serena. Sin saber mucho, confiaba en ti y en mi cuerpo. No había duda que tan bendecido evento solo podía ser un manifiesto de amor en su más pura expresión.

Y así, junto a la mejor doula que pude haber tenido: tu abuela, llegaste al mundo.

Te amo mi Rey Sol.

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