Té Marroquí

Ser doula es un gran privilegio. Últimamente he trabajado con trabajadoras sociales y enfermeras ayudando a madres en situaciones difíciles; sea económico o social. Esta experiencia me ha enriquecido en muchos niveles. He conocido a muchas mujeres luchadoras. Cada una con su historia…

En esta ocasión les comparto la historia de Loutfia.

Loutfia es una mujer muy orgullosa, poco temerosa. Quedo sola en un país frío después de que su pareja la abandonara embarazada para regresar a su país. Tenía pocos recursos ya que con su estado de embarazo avanzado y su diabetes de gestación no podía seguir trabajando. Aun así, cada vez que me recibió en su hogar siempre me ofrecía de comer. Para ella era un placer sentarse a comer con alguien. Dice ella, que es un honor poder compartir su mesa. Normalmente mi trabajo de doula consiste en informar a las madres sobre el embarazo y el parto. Hablar de procedimientos médicos, de dilatación y lactancia. Pero con Loutfia fue diferente. En las pocas veces que nos encontramos me hizo conocer su país. Más que hacerme conocer a su país, me dejo ver a través de su mirada nostálgica, la añoranza que tenía hacia su tierra y a su casa de puertas abiertas. Me contaba como en la casa de su padre siempre había gente. Como las mujeres se reunían a tomar el té en un salón, mientras los hombres discutían en un salón diferente. Si algún día nadie se presentaba en su casa, inmediatamente pensaba que algo malo habían hecho o sucedido.

Y así Loutfia compartió conmigo en su cocina, su costumbre marroquí. Preparaba el té tal cual un ritual. Puso a hervir el agua mientras lavaba las hojas de menta con un rezo entre los labios. Sus manos llenas de generosidad agarraban el té verde abundante y lo puso a hervir junto al agua. Luego, a pesar de su diabetes estacional (un poco terca ella), agarro el azúcar y la roseo en forma de lluvia sobre el té con una gracia casi ancestral. Finalizo su ritual con las hojas de menta verde y listo. Ella se lo tomaba muy caliente y yo salí con la lengua quemada!

Por ironías de la vida, no pude asistir a su parto. Rompió bolsas en un centro comercial un día que había dejado su celular en casa. Loutfia tuvo un parto largo pero sin complicaciones mayores. Cuando la volví a ver en su casa, se veía serena y orgullosa. Esta vez le daba de comer a su recién nacido. Lo alimentaba con la misma generosidad que la caracteriza…

Y ustedes, ¿alguna vez han conocido personas que han dejado huellas con detalles pequeños? ¿Han vivido de esos momentos que pareciera que lo están viendo a través de una película?

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